Asomarse a un espejo en el que verte reflejada. David te da la mano y te muestra aquello que sabes pero no te atreves a decirte. Se te caen todas las máscaras y te encuentras desnuda frente a ti misma. Un viaje en el que ya no hay vuelta atrás, no hay escapatoria. Tu boca se abre sorprendida y no la puedes cerrar durante días. Así es una sesión con David. Un antes y un ahora. Y entonces todo encaja.