La aventura sin igual que ofrece David es más grande de lo que uno pueda imaginar y supera toda idea preconcebida de lo que se puede esperar de un viaje hacia lo genuino de uno mismo. Tal es su inmensidad que es imposible presagiar cuán lejos se es capaz de llegar al sembrar esta mágica semilla. Su entrega, compromiso, elegancia y profunda sencillez están fuera de lo común. Es, sin duda, un viaje que me va a acompañar para siempre y el único y más bello que jamás hubiera podido existir para restablecer así el orden sagrado en mí. No hay nadie como tú, David.